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lunes, 10 de noviembre de 2008

Ley de Gravitación Universal

En tiempos de crisis suele decirse que hay que apretarse el cinturón, y no precisamente el de seguridad, que también. Viene a expresar que los efectos de una penuria económica hacen que nuestras magras mengüen ostensiblemente, hasta el punto de que si no hacemos que disminuya el perímetro delimitado por la tira de piel bovina que abrochamos a la altura ventral ésta se nos caiga. Tras esta sesuda esplicación (con "s" para parecer peor esplicada), paso a contaros una experiencia con un medidor de atracción de cuerpos celestes sometidos a la Ley de Gravitación Universal, en condiciones normales (temperatura=20°C y presión=1 atmósfera), o sea una báscula de las de toda la vida.


Me encontraba yo caminando por esos mundos de Dios cuando hete aquí que fui conducido por fuerzas colosales hacia una farmacia en la cual hallé un artefacto como el anteriormente descrito, y que tengo a bien enseñaros:
















Tras subir al aparato del demonio éste, una voz dulce y femenina pero a la vez firme, me ordenó estarme quieto a la vez que por medio de complicados algoritmos deducía la fuerza con la que el planeta Tierra me atraía hacia sí. Tras esta delicada operación, la misma voz que antes me indicó que estaba procediendo a establecer la distancia que había desde la plataforma en la que me encontraba de pie, hasta la misma punta del colodrillo, considerando éste como el punto más alejado del suelo que tiene un ser humano, entendiendo que hállase en posición erguida y no como el acordeón de Kepa Junkera.

Y entonces fue cuando la voz, esa voz, me dijo que si deseaba (¿cómo resistirse?) un cálculo del Indice de Masa Corporal, me agarrase firmemente a las asas que se ven a ambos lados del cuerpo principal del ingenio mecánico. Así, agarrado como un naúfrago algebraico en un proceloso mar de operaciones computacionales, la máquina emitió un pitido que dio comienzo a una serie de iteraciones matemáticas, ofreciendo al momento el resultado deseado. No había salido yo de mi trance, cuando la voz anunció que podía volver al suelo en el cual yo me encontraba inicialmente, obedeciendo al instante.

Un leve crujir en una de las ranuras me indicó que los datos obtenidos serían impresos en papel, como prueba última e irrefutable de que las leyes físicas son eternas e inmutables. Paso a enseñaros el trozo de celulosa blanqueada con cloro que fue expulsado por la abertura horizontal practicada, que puede verse en la parte inferior derecha de la fotografía anterior:



Aunque la calidad de la imagen no es óptima, puede verse el resultado de las mediciones efectuadas, amén de otras recomendaciones de diversa índole.
Tras minucioso examen de los datos ofrecidos, y considerando las desviaciones debidas a factores de seguridad que por Ley debe tener todo aparato de medida, saqué las siguientes conclusiones:
1.- Estoy tocino que te cagas: o pierdo peso o no quepo ni por la puerta de la Monumental de Zaragoza
2.- En el peso está incluido: la ropa, el abrigo, el móvil, las llaves, dinero en calderilla, la cartera y las cascarrias.
3.- En la altura están incluidas las zapatillas
4.- No entiendo para qué es necesario agarrarse a ningún asa para calcular el IMC, pues basta dividir el peso en kilogramos entre el cuadrado de la altura en metros. Y menos entiendo cómo se da un índice en principio adimensional en kg/m2, cuando en todo caso ésta es una medida de presión. E independiente de los años, que también preguntaba la voz... strangers in de nait, nonaino nainooooo
5.- Un amigo que venía conmigo y que se subió asimismo a la báscula, arrojó un IMC sobrepasando los 30, por lo que veo que el grasuz es epidemia.
6.- Hay que joderse la de tontás que hay que programar a una maquina para justificar el echar los 20 céntimos que costaba el viaje.
Un saludo tocinil.