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miércoles, 21 de julio de 2010

Hongos estivales

Como el propio nombre del post indica, hoy voy a hablar de hongos estivales, o sea, hongos cogidos en pleno verano. Cuando digo hongos, digo hongo beltza, por supuesto.

Para los lectores no forales, o sea más bien pocos, el hongo beltza (negro en euskera-se dice "belcha") es el boletus aereus, pero pa to er mundo, el hongo beltza es cualquiera de las variedades similares a aquél, tales como el aestivalis, el edulis y otros, pues aunque se distinguen más o menos fácil, todo el que va a por hongos va a coger hongo beltza. Aunque sea txuri

Sí amigos, existen, no son ciencia ficción. Yo los he visto. Yo he visto cosas que vosotros no creeríais.

El hongo, al contrario de lo que mucha gente cree, no tiene una época de fructificación concreta, sino que su floración depende del clima totalmente. Así, se pueden coger hongos desde semana santa hasta noviembre, con tal de que haya hecho bien de calor, llueva y se mantengan temperaturas suaves, por ese orden. Claro está, cuando mayor probabilidad hay de que esto ocurra es en otoño tras los calores del verano, y por eso se piensa que otoño es la época del hongo y de las setas en general.

Bien, en Navarra ya hace por lo menos tres semanas que se vienen cogiendo hongos, si bien es cierto que sólo por parte de los más experimentados setalaris, personas que patean monte de lo lindo durante todo el año y a por hongos en especial. Creo que ya hablé en otro post acerca de los setales. Pero no es mi propósito de hoy.

Tras cumplir con mi jornada laboral diaria estipulada (tal y como pone en los convenios), me he ido al monte a ver si me podía cenar un revuelto majo, y para ello nada mejor que irme al Señorío de Bértiz, que está relativamente cerca de Pamplona.

He aparcado en el sitio al efecto, me he puesto las botas de monte y cuando he ido a entrar me he encontrado con ÉSTO:




Y por supuesto, me he cagao en la madre del camión.
He estado a punto de darme media vuelta, pero mi Pepito Grillo me ha dicho: "anda, ya que has llegado hasta aquí, por lo menos date un paseo por este bosque que jamás volverás a pisar". Y me he dado una vueltecita, por supuesto a ver si veía algún hongo mientras pensaba cómo lo colaba por la puerta, donde había una casetita con un informador/vigilante (uf, esto casi suena a la Gestapo versión setera).
Como no he visto nada, me he dedicado a disfrutar del silencio mientras llovía suavemente, disfrutando de la soledad en el monte durante una hora, tras la cual me he vuelto a mi casa.
Y ya de vuelta, me he acordado de que en Ultzama ya hay otro coto de hongos, que va de septiembre a noviembre, con vigilantes (otra vez) especiales que patrullan a pie y en todoterreno por las pistas, con lo que con el de Bértiz ya serían dos los lugares de Navarra en los cuales el coger setas no es libre.
Me he preguntado, como es natural, si las competencias de explotación del monte recaen en los ayuntamientos , o es que el Gobierno de Navarra tiene un trato de favor (discriminación positiva) con algún ayuntamiento, como parece ser.
Yo también propondría una competencia de explotación de los terrenos de todos los ayuntamientos, en concreto en el mío que es Pamplona. Como yo no puedo ir a coger setas al monte de un determinado ayuntamiento, pues hagamos que nuestro consistorio deniegue también el acceso de determinados productos silvestres a foráneos. Por ejemplo, y creo que en Londres ya funciona, una tasa especial para circular por el centro, para toda persona que no sea habitante de Pamplona, que es quien paga las obras y el mantenimiento de la ciudad. Con lo recaudado en un sólo año, en uno solo, se podría comprar la totalidad de producción de hongos y setas de toda Castilla y León (que en 2009 fue de 28.000 toneladas según Micodata), y dar 140 kilos a cada habitante empadronado, y con lo que sobre comprar un audi A5 full equipe anual al parlamentario navarro que tenga los bemoles de sacar esa ley adelante. Yo le voto fijo.

sábado, 15 de mayo de 2010

El viajante

Hoy os voy a contar una historia real, ocurrida hace ya unos cincuenta años, y que me fue contada por uno de sus protagonistas.
En un pueblo de la España de entonces, tan distante a la de hoy que parece irreal, apareció un año cualquiera un viajante. Entonces, un viajante era junto a la radio la única conexión que se tenía con el mundo, y eso daba al forastero un aura de misterio y credibilidad a partes iguales. Eran personas que comerciaban con todo tipo de productos manufacturados, desde medias de mujer, a perfumes, herramientas y cualquier cosa que pudiese ser vendida.
El viajante informó a todo el que quiso saberlo que compraba a buen precio un artículo cuando menos extraño: compraba espigas de centeno, pero no cualquiera, sino aquéllas que tendrían un pequeño hongo negro hundido en sus granos. Y pagaba bien.
A la lógica pregunta de porqué compraba un centeno que nadie quería por ser considerado desecho ("una plaga"), el extraño repuso que era para la industria farmaceútica, sin más explicaciones.
Aquel año, muchos chiquillos y algunos no tanto, se lanzaron a los campos de centeno, buscando las espigas contaminadas. No era fácil encontrarlas, pero el viajante se fue con su producto a aquel mundo que estaba más allá del monte y de la imaginación.
Nunca se volvió a ver a aquel personaje tan raro, y la vida transcurrió sin más.
Tan sólo muchos años más tarde, aquellos chiquillos averiguaron qué es lo que realmente estaba buscando el viajante.

martes, 14 de octubre de 2008

+SETAS

Hola CERAtópsidos


Este pasado fin de semana he vuelto a acudir a esos montes navarros agraciados por esos manjares que Dios pone sobre la Tierra llamados hongos.

Pero este no era el fin de semana adecuado para ello, y me tuve que contentar con, por otra parte, sabrosas setas illarraka, no excesivamente apreciadas por aquí pero que en revuelto o fritas en aceite son más que aceptables.

Pero no es éste el motivo por el que posteo, sino el hecho que andando por entre hayas y robles puedes encontrarte con curiosidades como ésta:


Este tipo de setas desconozco si son o no comestibles, pero bonitas sí que lo son además de grandes y espectaculares. Todo un regalo de la naturaleza para la vista, ¿o no?
Estaban sobre el musgo que véis, que a su vez cubría el tronco de un árbol. La perspectiva de la foto no es muy buena además de que está hecha con un móvil, pero comparad con el bastón de la izquierda que extendido mide aproximadamente 1,30 metros. Impresionantes.
En fin, que os animo ahora que es temporada a caminar por sendas, veredas, vericuetos y monte a través, para que podáis disfrutar de pequeños placeres como éste en directo....¡no dejes que te lo cuenten!

domingo, 28 de septiembre de 2008

DI RUCULA

Hola plaquetos, hoy y como no podía ser menos os voy a hablar otra vez de ese gran placer que el Señor nos ha dado a los humanos que es el buen yantar, o lo que viene siendo ponerse hasta las trancas de comer.
Hoy va de pizzas. He quedado con varios amigos para tomar el vermouth (vermú) que es originario de Plymouth (plimú) y tras la ingesta de tres cañas y tres pinchos, hemos decidido ir a comer a una pizzería que hay abierta aquí cerca, una tal joe barolo en el culo tengo un bolo. Pues bien, tras un minucioso estudio de la carta, por supuesto nos hemos decantado por ésta:




Que como podéis ver, eso sí aguzando bastante la vista, en los ingredientes pone claramente: "hongo Beltza". Pues bien, os adjunto una foto de la que me he comido yo:




Y si sabéis algo de hongos y setas, lo que se ve en la imagen es un hongo beltza POR EL FORRO DE LOS COJONES, eso es un champiñón como la quilla del Exxon Valdez. Mi móvil no tiene función macro, pero los carpóforos que había ahí tenían láminas de champiñón, textura de champiñón y sabor de champiñón, y de hongo beltza ni hablar, sobre todo el cantazo de las láminas que como todo buen setero sabe ningún hongo las tiene. Lo que sí tenían era el color beltza, que es el color que cogen cuando se cocinan los champiñones, no así los hongos beltzas que se quedan dorados manteniendo su color blanco original.
En fin, que la cerveza que tenían estaba muy rica.