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jueves, 4 de marzo de 2010

Códigos QR en marquesinas de Pamplona

Que levante la mano el que sepa qué es un Código QR. ¡Uy, qué pocos!
¿Y un código de barras? Ah, bueno, eso sí.
Bueno, pues un código QR no es más que una versión bidimensional del unidimensional código de barras de toda la vida. Su tamaño puede ser de tan solo 2x2 cm.
Y las dos dimensiones permiten que quepa mucha más información. ¿Cuánta? Pues en texto, hasta 4296 caracteres. Ya da para contar algo, ¿no?
¿Y cómo se lee?
Pues con un lector de códigos bidimensionales, que dada la proliferación de móviles con cámara que existe en este momento consiste básicamente en un programita que interpreta al instante la imagen de la cámara del móvil y muestra su contenido.
Yo uso el de i-nigma que os podéis descargar y usar gratuitamente visitando desde vuestro móvil http://www.i-nigma.mobi/
Este tipo de códigos se ha hecho especialmente popular en Japón, y ya hay empresas que los crean con aspectos artísticos o motivos llamativos embebidos en el código.

¿Qué se os ocurre poner en un código QR? Lo que queráis.
Por ejemplo, la dirección de una página web.
O la dirección del concesionario de coches de una determinada marca.
O datos de contacto.
O...

Si por ejemplo ponemos un cógido QR en una escultura, nos podría dar información del autor, fecha, materiales y demás detalles de interés.
Si lo ponemos en el escaparate de una tienda o restaurante nos puede llevar a su página web o a la de una guía en la que se recomienda el establecimiento.
Si lo ponemos en una tarjeta de visita con todos nuestros datos, el receptor la puede incorporar a sus contactos mucho más fácilmente y sin errores.
Si lo imprimimos en una camiseta puede tener nuestro número de móvil o página de Facebook y una frase ingeniosa para llamar la atención de esa chica que te mira desde el otro lado de la barra del bar.
Si lo ponemos en un periódico junto con nuestro anuncio con un enlace que apunte a nuestro servidor, podemos hacer un seguimiento directo del impacto de nuestra campaña.
Si lo ponemos en la marquesina de una parada de autobús nos pude decir dónde estamos, la línea de autobús que pasa por ahí y sus horarios. Yendo un poco más allá, podría tener un enlace que nos llevase a una página que nos indicase la hora estimada de paso del siguiente autobús.

Bueno, pues en Pamplona, ciudad moderna donde las haya (ejem), he visto uno de estos códigos precisamente en una marquesina.
Así que he cogido mi lector de códigos QR, bidi y otros tipos varios que pugnan por convertirse en el estándar de facto, y me ha dicho:
c/ Juan de Tarazona, 299
11 Ezkaba - Edificio El Sario
(Extension Parque Comercial Galaria)
No está mal para empezar, creo yo. Pero espero que no se quede ahí el tema y que dentro de un tiempo los actualicen con enlaces para saber el tiempo de espera hasta el próximo autobús.

Yo os dejo aquí un código de ejemplo, para que podáis llevar siempre a mano un acceso directo a esta entrada.

Y para terminar, una última idea. Olvidaos de los sosos tatuajes tribales, el Amor de Madre, o el nombre de esa que quizás un día deje de despertarse a tu lado. Estamos en el siglo XXI, y lo suyo es llevar algo más acorde con los tiempos que corren:

jueves, 29 de enero de 2009

No gritéis en el datacenter

Nunca lo hubiese pensado.
Lo he recibido hoy de un compañero del trabajo, y no puedo dejar de contároslo.
La fuente es fidedigna: el mismo Sun, la empresa de 3.000 millones de dólares responsable de Solaris, NFS, Java y OpenOffice, por nombrar solo unas pocas.

Aquí tenéis el experimento que uno de sus técnicos, Brendan Gregg, logra provocar latencia en el acceso a disco... gritándoles.
¿Quién habría pensado que los pobrecitos discos tenían sentimientos?


La explicación no es que los discos tengan su corazoncito que les haga sufrir si los maltratamos emocionalmente, sino algo mucho más físico: las vibraciones acústicas que provocamos con nuestros gritos, y que hacen que las diminutas partes mecánicas de los discos se muevan y no lean tan deprisa. Algún día, cuando los sustituyamos por discos de estado solido...

Por si dudáis del tema, aquí tenéis el vídeo original en la web de Sun.

Foto de la enfermera tomada de Evidentia que la cita como proporcionada por Inmaculada Martínez Losada

martes, 21 de octubre de 2008

Coltán y esclavitud infantil


Yo era hasta ayer una gran desconocedora de que la causa del desarrollo tecnológico en el que nuestra sociedad está inmersa resida en un "supermineral", el coltán.

Es la abreviatura de columbita-tantalita, por lo que de él se extrae el tantalio que reside en nuestros móviles, ordenadores portátiles, armas teledirigidas, satélites... Es superconductor, ultrarrefractario, y muchas otras características que lo hacen totalmente indispensable para los tiempos tecnológicos en los que estamos.

Pero claro, el problema reside en que los yacimientos no pueden ser tratados como "minas", ya que se encuentra mezclado con la tierra, y qué mejor mano de obra que los niños africanitos, que no pueden ir a la escuela por falta de medios, que pueden meterse fácilmente en las oquedades del terreno, y que pueden trabajar por verdaderas miserias. Ahora, que se cae la tierra y les aplasta, pues ya cogeremos a otros. Total, si crecen, morirán en la guerra.

Se estima que por cada kilo de coltan, mueren 3 niños.

Pues sí. Esto ocurre en el Congo, donde esa guerra en la que ya nadie sabe cuánta gente ha perecido, tiene una de sus bases para el conflicto en la posesión del coltan. Se estima que en el Congo está el 80% de los yacimientos de dicho supermineral.

Seguro que muchos no sabíais que gracias al coltán podemos tener las teles requeteplanas, lucir nuestros movilitos cada vez más chiquitines y llevarnos a donde queramos nuestros portátiles... Realmente sólo os lo quería transmitir, para que al menos no vivamos ignorantes al tema, aunque seguro que sólo podremos estar "expectantes". ¿Qué se puede hacer?

Alberto Vázquez-Figueroa ha escrito un libro sobre el tema, y en google encontraréis amplia información sobre el tema. Que sí, que ya, que no hay que ser alarmistas, que qué se le va a hacer, que en el s. XIX también se utilizaban niños en las minas de carbón... que tampoco es para tanto.... pues para mí sí.

Esperemos que en un futuro no muy lejano a alguien se le ocurra la forma de sustituir al coltán.